La lista es amplia e incluye alimentos como: el chocolate, el alcohol, algún fiambre o queso madurado (azul, brie, tybo o parmesano), las conservas y los fritos, entre muchos más insospechados. Entre éstos están el pan fresco o el saborizado, el arroz, los ravioles y los ñoquis; vegetales como el tomate, la espinaca, la remolacha y la acelga; frutas como la banana, los cítricos, los higos y las frutillas; el yogur, la carne curada o ahumada, y las golosinas dietéticas.
Pero no son los alimentos en sí los que despiertan el dolor, sino sustancias que comparten, como los nitritos y nitratos, los sulfitos, el aspartamo, el alcohol, las metilxantinas (como la cafeína, la teobromina del cacao y la teofilina del té), el glutamato monosódico (GMS) y las aminas biógenas, que se concentran en grandes cantidades en los alimentos añejos o fermentados, el chocolate, los cítricos y el extracto de carne. Aunque con nombres difíciles, la mayoría de esas sustancias, al menos las identificadas hasta ahora, aparece indicada en las etiquetas de los productos.
Otras, en cambio, toman otros nombres, como el GMS, usado para mejorar el sabor y el aroma de los enlatados, dietéticos, congelados y productos de copetín. Los nombres más frecuentes con que se enmascara son: proteína vegetal hidrolizada, caseinato de calcio o saborizantes naturales. Los sulfitos están en los conservantes de los alimentos y en la cerveza, mientras que nitritos y nitratos son ingredientes de los conservantes y los fijadores del color y del sabor durante el proceso de curado de las carnes.
Lo más importante es que la persona con migraña sepa cómo seleccionar lo que le hace mal y lo evite, pero sin dejar de comer «por las dudas» otros tantos alimentos. Es la prueba de ensayo y error la que ayuda a poner en evidencia ciertas comidas.
Lo más conveniente es contar con la orientación de un nutricionista, que retirará ciertos grupos de alimentos cada 15 días y los volverá a incluir para conocer la respuesta del organismo. Por temor, las personas se privan demasiado de ciertas comidas, cuando un nutricionista puede ayudar a individualizar rápidamente el alimento que origina el dolor. Lo que el paciente debe hacer es llevar un registro de las comidas, cuya privación hay que desmitificar *Bibliografía recomendada: Guía alimentaria para pacientes con migraña (Ediciones del Boulevard)

